La Farmacia Rosique en Calasparra tiene una historia farmacéutica que se extiende por varios siglos, con registros oficiales que datan de 1789. La etapa más reciente de este legado comenzó con mi bisabuelo, Prudencio Rosique Bartolomé, quien, tras graduarse en Farmacia en 1916, se estableció inicialmente en Archena (1918) y luego en Barcelona, donde en 1920 trabajó en un laboratorio de especialidades junto a un socio. En 1923 adquirió una farmacia en la calle Bruch 36.
En 1939, Prudencio trasladó la farmacia a Calasparra, ubicándola en la calle Corredera y llevando consigo el mobiliario original y el emblemático farol que instaló en la fachada. Durante más de 30 años, ejerció allí como boticario junto a su hijo, Mario Rosique Achón, mi abuelo. En esa época, ambos dedicaron su vida a la salud y bienestar de cada paciente, tratándolos como parte de su familia y ayudándolos con auténtica vocación.
A finales de 1973, Prudencio traspasó la farmacia a su hijo, Prudencio Rosique Robles, quien continuó con la tradición familiar en la Corredera hasta el año 2001, cuando trasladó la farmacia a su ubicación actual en la calle Barrio Nuevo Pozo 30.
En 2015, tras la inesperada partida de mi padre, asumí el liderazgo de la Farmacia Rosique, comprometido a seguir con esta tradición boticaria que ha perdurado durante siglos y a honrar el legado familiar ofreciendo siempre un servicio cercano y profesional a nuestra comunidad.